Créeme que cuando te miro y me miras no somos iguales, somos tan diferentes que jamás pertenecemos al mismo rompecabezas, eso me preocupa, eso me pone ansiosa, quisiera tocarte y sentir que podemos ir juntos para siempre sin el sabor amargo después del orgasmo. Hay cierta dependencia de tu cuerpo, de tus cabellos rozándome por debajo de los senos, de tu respiración entre cortada, de tus juegos masoquistas, son al final un espasmo en el que siempre queda el vacío. Soy un problema, soy tu problema o al menos eso creo cuando te veo y pienso para mí que todo esto no se para dónde va a andar, pero te quiero, te amo tanto, pero no puedo aniquilar la plaga, no voy a cambiar, no soy buena. No debo hacerte daño y aunque no lo sepas te lo estoy haciendo, no debo seguir contigo, pero me aferro fuerte a tus hojas y a tus raíces, debo cambiar, pero sigo siendo el mismo monstro conocido, al que le temías de niño, del que te escondías debajo de la cama. Quisiera meterme en tu oreja y navegar por tu cerebro, cambiarte eso de vivir correcto, y juntos apreciar la belleza de la anarquía, pero no puedo, me he intentado meter en tu cabeza tantas veces que solo encuentro un enfermero salvando vidas como la mía, auto compadeciéndose de que no eres como todos, que siempre serás diferente y que no encuentras alguien que te acepte así, distinto, pero amable.
La novia ha corrido ensangrentando su vestido
blanco, se ha disparado en un escape al corazón, ha apretado fuerte el gatillo
en el pecho y ha estallado en euforia anestésica, mira a todos los invitados
como si fuesen espectadores de su entierro, coge con ternura la mano del novio,
lo mira, lo besa, mete el dedo de este en su llaga y cree que ha tocado por fin
sus verdaderas intenciones, le pide que escuche lo que su corazón siempre le
quiso decir, en un par de latidos, bom- bom-bom.
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rayitas