Hubo un terremoto que destruyó mi infancia,
hubo un incendió que me enamoró en la adolescencia, un tsunami que se llevó mi
cordura también por esas épocas, me revolcó, me dejo varada entre las rocas de
la mediocridad y las reglas, me corrompí de ira, amé la plaga, odie la plaga,
lloré días a mi soledad sintiéndose acompañada por ambientes infestados de
medicina barata.
Me busqué un sitio entre tanta amabilidad, para
intentar ser amable, dure muy poco, hasta que me echaron. Intenté cambiar mi
lado más humano por algo más útil y menos dañino, me caí, me golpee y me
cortaron. Me guarde el amor para los tiempos de cólera, a ver si calmaban un
poco los rehenes que llevaban años dentro de la cárcel que juega a ser corazón,
no funcionó, el amor no cura la cólera, ni el rencor. Me busqué por largos
ratos al comprar días de colores que combinaran con mis zapatos grises, te vi y
me tatué una promesa en el dedo para secuestrarte un rato, feliz te odié, feliz
me odiaste, feliz nos odiamos. Rompí los sueños rojos y los azules para
juntarlos y ver un cielo morado, te llevaste mis nubes, aunque llovieron por un
buen rato. No amo mi sortija, no amo mi desastre, no amo mis zapatos.
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rayitas