Era
imposible despegar mis dedos del papel por mucho tiempo, los pájaros
atormentados han huido de la pequeña cajita roja que me regalaste con
formas de promesas y sueños. Leí tu carta y no me atreví a tocar ningún
rincón de tu habitación, solo moví un par de zapatos viejos que tanto te
gustaba usar y los guarde en mi pecho, he cambiado tanto. No sé si me
encuentres, Soledad ha tomado mucho Litio para amedrentar su psicosis
post terremoto, ha roto cartas, quemado corazones de papel, si azules,
como los que dibujabas con lágrimas de amor en las paredes de nuestra
habitación. Me has regalado tantas cosas, me regalaste por ejemplo este
color índigo aquí casi en medio de mis senos, me regalaste nostalgias
cristalizadas en pequeñas piedritas que solías hacer para colgarlas en
mi cuello, aun guardo tu sabor en mi lengua y los cortes de tu navaja.
He
fugado mucho antes que tu partieras, he planeado una de mis tantas
fugas eternas, el cielo aquí se mueve demasiado y he dejado para siempre
los químicos, estoy encantada, enamorada de la manera en que puede
girar el mundo con pequeñas cosas, se que tú sabías que había muerto,
que me había tirado al río, que te deje una de mis tantas cartas, la más
bonita, la que más me gustaba sobre tu mesita de noche justo al
costado de las colillas de cigarrillo y la cajita de fósforos donde
solías ocultar la marihuana con la esperanza que salieras a buscarme,
pero no lo hiciste.
Hoy
llevo puesto el vestido azul que tanto te encantaba verme, el cabello
corto y en mi mano esta el viejo paraguas con el que alguna vez nos
conocimos, te extraño tanto y he cambiado. Pero lo que no ha cambiado
es el dolor que me causa recordar el brillo de tus ojos, y si también te
odio, te odio mucho trovador, odio a tu maldito Quito, a tus
prostitutas, el sabor a vino tinto barato que aun estoy forzada a
comprarme, a tu lejanía y la manera abrupta en que esta que me mando a
tirarme al río, si ese maldito bicho de drogadicto muriendo por tener
ese rico “ego” entre tus manos me ha matado, fúmatelo, aspíralo,
inyectártelo en las venas hasta que se te rompan los brazos para subirte
a tu nube, a la mas puta de tus nubes donde solías aumentar tu egoísmo,
pero lo que más odio es que hasta eso adoraba de ti, adoraba ver como
disponías de mi y era todo un ritual verte partir de pronto con los
pocos trocitos de papel crepe que lanzaba a tus cabellos cuando
jugábamos en la cama. Tengo resaca y los días con lluvia me hacen
escribirte en papel higiénico y ya se ha agotado todo, aquí en mi
habitación tengo una ventana, creo que desde aquí puedo ver a la mas
puta de tus nubes, esa que te olvidaste de recoger de tu habitación
antes de marcharte, la más puta.
Hola Alejandra, vida, Vidal. Comencemos con algo divertido y aparentemente absurdo. Yo soy tu casa, OK.
ResponderEliminarEn mi nada humilde opinión de literata aficionada puedo decirte que los textos que has publicado están muy bien logrados; transmite lo que tiene que transmitir y punto. Ahora no recuerdo (y quizás nunca lo haga) quién dijo que, pero mientras lo que escribas nazca de ti, así, de porrazo… es perfecto! Me he vuelto tan flexible… no juegues a doblarme.
Es para matarse de la risa: Yo comentando en “Límite con A”… Me van a hacer pedacitos.
Un guiño… estás en tu casa.
Kelly.
PD: He estado tratando de inducirte a una crítica destructiva, corrosiva, pero te vale madre. Vamos… una crítica, aunque sea una chiquitita. ¿Sí?
yayaya te criticaré mierdilla pero aparece pues aunque sea un ratico
ResponderEliminar