Definitivamente
perderme en un vacío no saciaba mi necesidad de cubrirme del frio, me estoy
congelando en el sol de las mañanas, como una foto a velocidad 1000, una gota
que cae de un río antes de estrellarse y morir contra las rocas, el problema no
es con nadie, pero tampoco sé si decir que es conmigo, ni con las drogas, ni
las gaseosas heladas en el calor del verano ni las papas fritas. Respirar se
convierte en un ejercicio parecido al dar unas 100 planchas diarias con solo
aspirar dióxido de carbono una vez y ya estas
jodido, sientes que por tu garganta pasa un taladro dejando el vacío que tenías
ahí dentro aún más vacío. La ausencia de algo que no se puede imaginar, ni
tocar, ni espantar, dicen que es depresión. Yo quisiera que fuese así, pero no
lo es. La depresión tiene nombre, síntomas, causas, esto no lo tiene. Mi
derramamiento del tiempo en un estado casi vegetal de no saber simplemente no
saber, no hay llanto, no hay tristeza, no hay nada, así de simple, nada. Irte
como contra la corriente, mientras todo el mundo vive y la primavera se hace más cercana y tú te
marchitas pero no sabes porque si aún estas colgando del árbol, te dicen que
algún día debes de caer, que maduraras, que serás un fruto grande rojo y jugoso
pero a veces me pregunto si eso es lo que me destina, si eso es lo que quiero,
si quiero que otros me partan en muchos pedazos y hagan luego una ensalada para
comerme de a pocos los días en los que no quieren engordar y a manera de regaño
como diciendo: diablos estoy a dieta. Fácil es lo que me dicen que es una
identidad, un sueño, un amor, una ilusión, una meta… Yo quiero caer, caer del
árbol y rodar, rodar, rodar por todos lados hasta chocar contra algo y
explotar, morir en euforia, sentir para morir viviendo
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rayitas